Los port están normalmente indicados para el acceso venoso a largo plazo suyo uso se defina como “poco frecuente”. El típico ejemplo de uso poco frecuente (menos de una vez a la semana) es el uso del acceso venoso para quimioterapia cada tres semanas. En la mayoría de los casos, la elección más acertada será la de un dispositivo venoso central totalmente implantado, es decir, un “port”.
La elección de un port prevé dos condiciones: (a) que el acceso venoso se vaya a usar por un tiempo prolongado (superior a 4-6 meses), y (b) que el uso sea poco frecuente. En este sentido, el uso del port para nutrición parenteral en domicilio (NPD) -que supone un uso diario de dispositivo o de varios días a la semana- se considera una excepción (normalmente debido a una fuerte y motivada preferencia del paciente hacia este dispositivo). El uso diario para NPD implica el riesgo de complicaciones locales en el reservorio, asociadas a la presencia de la aguja de Huber por tiempos prolongados y/o a el número excesivo de punciones locales para colocar esta aguja. Por otro lado, los datos de la literatura científica indican una mayor incidencia de complicaciones obstructivas de los port debido a los lípidos de la solución de NPD, respecto a las obstrucciones de los dispositivos externos; además, en caso de obstrucción de la luz por lípidos, el port será muy difícil de desobstruir. La potencial ventaja del port en la protección contra la contaminación bacteriana desaparece cuando el port se usa todos los días (para saber más, consultar las guías INS).
En los niños, las ventajas del port se tienen que valorar detalladamente junto con la desventaja inevitable de tener que acceder al sistema cada vez que sea necesario con la punción de la aguja de Huber, punción que puede ser bien tolerada en el adulto pero que a menudo el paciente pediátrico tolera mal (especialmente, si es un pre-adolescente), aunque se usen cremas anestésicas.
Todos los port disponibles en el mercado son port venosos centrales (o sea, con punta posicionada en vena cava superior, en aurícula derecha o en vena cava inferior): no existen port venosos “periféricos”. El acceso central se puede obtener a través de la punción y canalización de varias venas, a nivel supra/infraclavicular (port torácico), a nivel del brazo (PICC-port), o a nivel de la zona inguinal (port femoral). La elección debe ser hecha sobretodo en base a la disponibilidad de las venas. En líneas, generales, incluso en edad pediátrica, si las venas del brazo son adecuadas, la primera elección será un PICC port.
El reservorio puede ser de material completamente radiotransparente (plástico) o de una mezcla de plástico (varios tipos de resina) y metal (normalmente, titanio); según la profundidad del “bolsillo” subcutáneo, se elegirá entre un reservorio estándar (altura de 12 mm aproximadamente) o “perfil bajo” (aproximadamente 10 mm) o “perfil muy bajo” (alrededor de 8 mm); para los PICC port se usan reservorios con un “perfil muy bajo”.
El catéter puede ser de silicona o de poliuretano, sin que existan diferencias significativas de biocompatibilidad entre los dos materiales. La evidencia en la literatura científica sugiere que se deben evitar los catéteres con válvula (mayor riesgo de malfuncionamiento) y los catéteres de silicona transparente (mayor fragilidad). Para los PICC port, es buena norma elegir catéteres en poliuretano (más fáciles de colocar). El diámetro del catéter (4-5Fr para los PICC port, 6-7Fr para port torácicos) debe ser calculado en base al diámetro de la vena.
